Una siesta casi fallida, descansé unos minutos, no creo que llegara a los treinta. Dormida en llanto. Oh, sí, si quieres dormir plácidamente, llora, coges el sueño con un gusto...
Mi adorable madre me puso unos calcetines. Me encanta. Desde pequeña he sido muy descuidada, me gustaba andar descalza por ahí y a ella le salían humos por cada agujero de su cuerpo. Cuando me tumbaba en el sofá o la cama, ahí donde me era más difícil escapar, me ponía unos buenos calcetines gruesos, metiéndome el pantalón por dentro. Hoy fui yo quién le pedí con voz entrecortada que me los pusiera.
Agarró una manta y la puso encima de la que ya tenía, arropándome. Me aconsejó que durmiera, pero no hubo suerte.
Algo que hacer. ¿Qué? Ver una película, es lo más rápido que se me ocurre, y a eso voy. La elegida es “Vicky Cristina Barcelona” (desde aquí mi agradecimiento a peliculasyonkis.com). Estuvo maja, me entretuve, por una parte le vi sentido y por otra no, por lo que la conclusión al final fue buena. Sí.
Me pasa con los libros igual. Si me deja atontada es que es bueno, si no, pues queda la posibilidad de que le coja asco u otro sentimiento repugnante, eso es que era malo. Menos mal que me ha pasado muy pocas veces.
Pensé en salir esta noche pero lo descarté por razones personales que no vienen a cuento ahora porque lo único que haría, con toda seguridad, sería alimentarlas más. Y crecerían. Como un cultivo de bacterias. Qué miedo.
Y ahora que miro por la ventana me fijo en que ha oscurecido un poco pronto y he echado a perder mis ideas de coger la bici y dar un paseo por donde siempre, con un pantalón largo y sudadera calentita. Aún lo puedo hacer pero eso significaría dejar a medias esto y... ¿no tengo ganas? No. Lo que pasa es que en realidad no quiero pasear en bici en ningún lado. Ese pensamiento sólo indica algo que me gustaría que me gustara hacer. Pero en realidad no me gusta, claro que no, detesto el deporte porque me deja una sensación en el cuerpo de pesadez, agobio y no sé qué más. Además, luego se duda y me quedo sin respiración, me agoto. El corazón me palpita tan fuerte que me duele. Parece como si una astilla de cristal me estuviera clavando en los pulmones, bronquios, bronquiolos y alvéolos. Así que abandono la bici.
Pero no puedo negar que me encantaría volver a nacer siendo una amante del ejercicio.
Mente sana en cuerpo sano. O alguna paradoja así.
De todos modos, aunque no vaya a irme por ahí a hacer nada, quiero despojarme del aire recalentado de esta mi habitación, y ya de paso quitarme el entumecimiento provocado por una tarde de cama con mantas que, por cierto, sólo me tapan una pierna. La izquierda yace descubierta y sin frío. La derecha tapada y sin frío. Esto suele puede explicarse exclusivamente si se me diagnostica alguna enfermedad.
Tomándome en serio un poco más, decido levantarme, cerrar este dichoso programa de mensajería instantánea y salir fuera a hacer unas cuantas fotos, que quiero que me seleccionen para algún concurso de fotografía.
Ya veré qué hago contigo a la vuelta.
Un saludo lleno de finales de verano.