Tía de nuevo, madre por fin.

Nació.
Y si me impidieran vivir tendría otra cosa que perderme evolucionar. Una cosa de 50 cm., con 3.340 kg llamada Carla, a la que adoro a la par que quiero.
Bienvenida, princesa.


29-06-09

Tía de nuevo, madre por fin.
# Enviado el viernes 03 de julio de 2009 15:51

Don't speak.

Me muerdo los labios y no hace falta desgarrarme la piel para que pare. Démosle la bienvenida al verano. Dulce y caluroso verano. Vago y pesado verano de tres meses, siendo yo estudiante.
Creo de veras que no estaba preparada para lo que se me avecinaba.

Necesario es tomarse tiempo para uno, descansar la mente de otra manera a como se tiene habituada. Suele ayudar esto de cambiar de técnicas.

Dicen que somos unos inconformistas, que en otras épocas esto no pasaba. Claro, antes había tan poco que con nada se veía a la gente con una sonrisa en la boca que duraba más de lo que ahora podemos ver en cualquiera.
Debe de haber sido gloria caída del cielo vivir por aquellos años. Pero sucede que ahora soy yo la que a veces me pongo a observar a los niños más pequeños que yo y me respondo ante las diferencias. Que no han de ser peores ni mejores, pero las cosas cambian y la educación y la forma de comportarse lo harán también a la par.
Madre, qué hago yo debatiendo sobre las diferencias existentes entre niños que se llevan conmigo 4 años...
Pasa un año más que dolerse y satisfacerse.

Llegan despedidas y bienvenidas. Todas juntas. A la vez.

Interfieren en mi piel y me hacen rasguños hasta que consiguen incrustarse en capas a las que ya no llegan mis uñas que intentan con desesperación su ausencia.
Quedan ahí y forman su vida, han encontrado un hogar.
Y yo, yo he sobrevivido a lo que antes me mataba, de nuevo.

Por la ventana, sí es que está abierta, entra un algo que no es sólo aire.
Por la ventana, si está cerrada, verás que hay aire más allá del límite que establece el cristal.


Don't speak.
# Enviado el lunes 22 de junio de 2009 15:14

A tiempo.

Una que se altera y tiene que ir corriendo a la nevera para rescatar ese potito de seis frutas que dejó ayer enfriando para la merienda pero que, al final, no consumió porque estaba demasiado ocupada preparando los diez exámenes que tiene que realizar en esta próxima semana, la mayoría de los cuales son para subir nota, porque esta una a la que me refiero es de todo menos conformista y no parará hasta agotar todas sus fuerzas y conseguir entrar en la facultad de Medicina y callar todas sus voces malignas que la incitaban al camino pecaminoso de lo estudiantil. Joder. Qué rico sabe...

Intentar hacer un artículo y fracasar. O peor, que fracase tu ordenador y te lo mande todo al garete.

No es que crea en señales divinas, empezando por el hecho que no soy partidaria de tales creencias pero sí que le tengo especial devoción a aquellas señales propias del individuo que no es que tengan un significado, no. Es mucho mejor y más incomprensible, se las busca él mismo.

Preparaba un artículo sobre el aborto que llevo ya desde hace mucho planteando y, como ya he dicho, ha volado como por los aires como si le hubiera caído encima un mísil Taurus de estos nuevos que ha comprado la armada española que, por cierto, cuestan 950.000¤ cada uno. Oye, quién diría miedo.
Y ya que he tenido la oportunidad y capacidad de encajonar una información que no venía a tema, sigo con el rollo y señalo que, dicho mísil ha sido probado en Sudáfrica.
Total, si se produjera un daño más a todo ese montón de gente con SIDA no sería relevante.

Prometo terminar ese artículo no fructífero que me quita el sueño. La tecnología de 7 años no podrá más que yo.

He dicho.

(Y ojalá siga diciendo, a poder ser con más frecuencia)


A tiempo.
# Enviado el domingo 14 de junio de 2009 11:29

Nunca huimos.

Cambiamos de lugar, ambiente, amigos, formas de vida, pero permanecemos común a algo irremediable, que es la vida, a menos que le pongamos un fin tajante.

Y vaya si cambiamos... Bendita adolescencia.

En un período pequeño de tiempo, pongamos desde los catorce o quince años en mi caso, hasta la actualidad aceleramos el crecimiento, sobretodo el interno.
Al principio de todo aceleramos lento, muy lento, imperceptible. Es como una atracción de cualquier parque, el primer tramo es lento, como de preparación, una vez llegamos a un determinado momento ,variable en cada persona, pisamos con fuerza para darle a nuestro joven motor todo lo que nos pida o necesite. Descendemos y ascendemos. De lado a lado.
Es una espiral y una sensación de desconcierto que posee la capacidad de tumbarnos y enterrarnos en nuestro propio cuerpo.
Todo ello en la adolescencia.

Ahora opino. Y no es que antes no lo hiciera, o que no argumentara correctamente. La diferencia que aprecio es tan simple como el por qué de mi opinión y, por tanto, de sus argumentos bien fundamentados.
Sé que decisiones por mi parte tienen valor y en cuales debo permanecer en silencio.
Digamos que darle valor a lo que se dice forma parte de mi edad, o de mi momento.

Te levantas y te rodeas de la gripe porcina, mañana de la nueva gripe, hoy de la gripe A. Riesgo de pandemia, moriremos todos.
Pues yo fui una de las paranoicas que pensó que volvería a arrebatarnos la vida algo así como la famosa gripe española.
¿Y ahora qué? Ya nada, hace días (o semanas) que no oigo nada de pandemias ni riesgos de muerte en todo el país.
Qué alivio, podré dormir tranquila.

Y así con todo. Modas que vienen y van, lo mismo que ahora regresamos a los ochenta.

Es como han de ser las cosas.

Al igual que también es como sigo, adolescente. Con esto espero dejar muy claro todo lo que quedaba por descubrir.

Era tan sólo un pequeño rayo de toda la luz que tengo, para que no se piense nadie que se extinguió y me llevó consigo.





Nunca huimos.
# Enviado el martes 19 de mayo de 2009 14:25
Modificado el miércoles 20 de mayo de 2009 11:30

Aún seguimos vivos.

Aún seguimos vivos.
Ahora que regreso a los lugares a donde quise huir, y nadie me espera allí.

Alquilamos vidas por un tiempo reducido. Nos vamos sin pagar esa vida que tomamos y nos alertamos de aquel/la que le roba el bolso a cualquier señora decente que pasea rencorosamente por la calle de siempre.

Saber hacer por y para los demás, ni una palabra más.
# Enviado el miércoles 08 de abril de 2009 18:36
Modificado el miércoles 08 de abril de 2009 18:58