Me picas y te escondes.

Me picas y te escondes.
Tantas magulladuras en mis manos y ese intenso picor o resquemor que me producen no son dolorosas. Para más inri, resulta que siento gozo. Toma ya.
No es casualidad, claro que no, entonces no estaría escribiendo esto.
Estas heridas que vengo describiendo me las ha producido un hermoso individuo de pelo negro muy brillante con rabo delgado y muy tenaz, que se divierte jugueteando con mis manos y yo viéndole sus ojos brillar persiguiendo el movimiento de mis pies y manos. Es mi gato. Y por cierto, no tiene nombre.

El por qué no ha dolerme viene a causa de quién me causa la herida. Como me pasa con las personas. Depende de quién me haga el daño conseguirá que me duela o incluso que llegue a sonreír.

Desde luego que con Meni (acabo de ponerle un nombre, y además con motivos) no lograré equivocarme. La gente en general, así entonándolo peyorativamente, no ve el precioso mundo, maravilloso y sencillo que hay dentro de los animales. Será porque tomaron la palabra “animal” como algo de baja calaña. A nadie le sienta bien que lo califiquen como tal. “Eres un animal”, y a una se le ponen los pelos del lomo erizados.
Si algún día alguien tiene la intención de hacerme daño utilizando tal calificación, que sepa de antemano que se me saltarán las lágrimas de júbilo. Aunque si me dices que soy una chinche no tanto, que me dan mucha grima.
Quería yo hablar, más resumido, de que el comportamiento de mi gato para conmigo fluye en perfecta armonía. Y por eso puede arañarme.

También dejo que me arañen otros tantos animales considerados superiores, dícese personas.
Sí, a veces incluso dejo que se me acerquen y resulta que me llevo gratos recuerdos. Porque también sabemos hacer brillar nuestros ojos y deslumbrar a quién queremos, aunque yo no lo tenga muy en práctica.

Hasta dónde llegará el poder de mi alma para esconder el dolor es algo que ni sé ni pretendo descubrir. Lo que sí hallé hoy es que hasta a mí me tengo desconfianza, y por tanto también a este criterio tan selectivo que permite a unos tantos que se me acerquen y a otros no.

Lo mismo en unas décadas leo o recuerdo esto mismo, y me compadezco de cuánto sangraron mis heridas sin que me diera cuenta.

Sin embargo, algunas pican, no veo dónde están, pero escuecen.

Que Dios nos pille confesados. Y más ahora, que hay un cura en el salón de mi casa que escucha atentamente las falsas lecciones de moral que le da mi padre, acerca de la familia, la juventud, la tradición... Mientras, espero a que se vaya para salir y redactarle a mi padre la carta que le quiere escribir a su hermano, mi tío, al que no conozco, por causa de unas tierras, las mismas que los separaron y ahora hace que se vuelvan a ver las caras.


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# Posted on Monday, 14 December 2009 at 4:59 PM

¿Entonces?

No puedo hacer nada si dejo otras cosas a medias. Se me van escondiendo donde no las pueda atrapar y atornillan sin anestesia los sentimientos para que de este modo nunca pueda arrancarlos. Es por eso por lo que tampoco puedo solucionar lo que dejé por hacer, porque no lo veo a simple vista, se han vuelto a esconder pero no dejan de sentir.

Entonces nada.


¿Entonces?
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# Posted on Monday, 07 December 2009 at 7:37 AM

Alimento del alma.

“-Como ve, todos tenemos en nuestro interior los elementos necesarios para producir fósforo. Es más, déjeme decirle algo que a nadie le he confiado. Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos, como en el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía el alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo.
>>Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podía dárselo.”



Alimento del alma.

# Posted on Friday, 20 November 2009 at 5:26 PM

No aguanto.

No aguanto.

# Posted on Friday, 13 November 2009 at 5:28 PM

Creencias

Qué vieja me siento de repente. Será el resfriado.

Hace algún tiempo que descubrí que realmente la religión no es tan inútil como yo la presentaba, pero sigue pareciéndome la salida fácil.
¿Por qué creen? Como me dijeron una vez: “somos creyentes por naturaleza”. Lo que pasa es que me lo dijo un cristiano y, como dice mi madre, cada uno barre para su terreno. Esa frase no me hizo pensar mucho, directamente la deseché (o la dejé en el recuerdo) pues me parecía que carecía de sentido.
Me encuentro ahora con que las cosas cambian desde que me comentaron aquello hasta el día de hoy. Ya hace unos años.
Todo esto que me ronda la cabeza se me viene a parecer a una pequeña empresa que va aumentando. A la par que aumenta sus beneficios, lo hacen las preocupaciones de los que están al cargo. La vida es igual. Un niño pequeño no tiene de qué ocuparse más que de sí mismo en el sentido ameno del verbo ocuparse.
Con esto me refiero a que, obviamente, el hecho de que tengamos más cosas a nuestro cargo hace que nos sintamos estresados y, a la vez, importantes.
Tanto el estrés como el orgullo vienen a desembocar, en el caso de los creyentes, en su Dios. El estrés es calmado por la divinidad, sin descartar los casos de los que tienen fe y echan la carga sobre su Dios para sentirse aliviados. El orgullo, o tiende a sobrepasar a la máxima exponencia divina o nos servirá para vidas futuras.

Quizá no debería hablar demasiado sobre esto, lo hago desde un punto de vista externo.
A lo que me vengo a referir es que me parece lógico que los humanos busquen métodos por los que exiliarse de sus propios territorios interiores.
Eso no quita que algunos los vea más convenientes que otros o, por qué no decirlo, menos estúpidos.

Desde mi persona veo el camino fácil en la religión. Es decir, hay algo que me protege, guía y es responsable de lo que pase en el mundo tangible. Es un consuelo tener presente que si algo nos ocurre y no nos gusta, podremos culpar a otros de lo que nos pase.
Es lo que han hecho durante toda su existencia, pues no me negaréis haber oído alguna vez eso de “si Dios lo ha querido así...”. Después viene el proceso de resignación, aunque vamos, no tiene comparación con tener la fuerza de afrontar lo que venga.

Aquellos otros que no comparten la fe en ciencias supremas e inexplicables buscan de cualquier manera el objetivo perseguido en ambos casos. Y no pondré ejemplos porque son evidentes.
Los resultados son los mismos siendo creyentes o no. El objetivo es liberarnos todo lo posible de lo pesado de nuestra alma.
No obstante, tengo que confesar que para mí la valentía de este último grupo no tiene comparación con los religiosos, que no tienen la capacidad de afrontar las verdades tal y como son, sin maquillajes.

Mas no por ellos he de faltar el respeto. Cada uno se barre para su casa, ya lo dije, o se coloca bajo el árbol que más sombra le da, que viene a ser lo mismo, y mientras no destroce árboles vecinos, bien por él o ella.

Fuera aparte están las organizaciones que compongan las circunstancias de cada uno de los casos. Me abstengo de dar opiniones en este ámbito. Al menos por ahora.
Podría ser falta de fuerza, o tiempo, que ya es hora.

Mis buenas noches y un beso en la frente.


Creencias
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# Posted on Wednesday, 11 November 2009 at 6:53 PM