Y ahora, bueno, faltan seis minutos para la “hora de comienzo” pero veo muchas menos.
Me planteo, y no es broma, si será verdad que están pasando frente a mí esa cantidad de estrellas fugaces que dicen o son, tan sólo, imaginaciones mías.
Alucinaciones que me esfuerzo en crear, por supuesto. ¿Habrá cosa que inspire más magia que el cielo? Sé, sin embargo, algo que le quita categoría a este momento: una cutre semana cultural en un pubelo perdido que no aparece en Google Earth, donde vivo.
Pero vamos a dejar esto aparte y centrémonos en lo que nos ocupa, lo que me ha obligado a ponerme mis gafas de ver rotas y utilizar la batería de mi dichoso portátil para dirigirme al jardín, aquí donde la contaminación lumínica es muchísimo menor (en este preciso instante en el que mi padre ha encendido toda bombilla existente no tanto).
De todas formas, sea esto que veo producto de la miserable cabeza pseudoadolescente que tengo o, realmente, algo con base empírica, es genial ver como el cielo que está frente a ti se anima con lágrimas brillantes que huyen de tu visión muy, muy rápido.
Muchos son los que no llegan a ver una estrella fugaz en su vida. Qué afortunada me siento sabiendo que he visto ya unas cuantas, y todas con la duración suficiente como para darme tiempo a: verla, darme cuenta de lo que es, pensar un deseo y formularlo.
O me queda la posibilidad más egocéntrica de todas, que mi coco sea privilegiado, pero hasta yo me río y me dirijo en picado al extremo: estoy ida de la pinza y por ello veo lo que se me antoja ver.
¡Piruletas gigantes!
Oh, eso no lo vi...
Apareció la primer a estrella esta noche justo cuando miraba (esta si que no son alucinaciones, aún está ahí) y al principio pensé que podría ser un meteorito directo a mi cara, así que me llevé un buen rato con la mirada fija en ese punnto blanco. Hasta que me dolió el cuello una barbaridad. Ahí ya mi opinión en cuanto al final de mi existencia cambió y fui a por las gafas.
Ha cambiado la posición de la lluvia en la cúpula azul que me rodea, es preciso ahora que me acueste en el césped para vislumbrarla.
Siendo esto así, no me queda más que desearles una buena noche.
Muy mejores buenas noches.



