Me muerdo los labios y no hace falta desgarrarme la piel para que pare. Démosle la bienvenida al verano. Dulce y caluroso verano. Vago y pesado verano de tres meses, siendo yo estudiante.
Creo de veras que no estaba preparada para lo que se me avecinaba.
Necesario es tomarse tiempo para uno, descansar la mente de otra manera a como se tiene habituada. Suele ayudar esto de cambiar de técnicas.
Dicen que somos unos inconformistas, que en otras épocas esto no pasaba. Claro, antes había tan poco que con nada se veía a la gente con una sonrisa en la boca que duraba más de lo que ahora podemos ver en cualquiera.
Debe de haber sido gloria caída del cielo vivir por aquellos años. Pero sucede que ahora soy yo la que a veces me pongo a observar a los niños más pequeños que yo y me respondo ante las diferencias. Que no han de ser peores ni mejores, pero las cosas cambian y la educación y la forma de comportarse lo harán también a la par.
Madre, qué hago yo debatiendo sobre las diferencias existentes entre niños que se llevan conmigo 4 años...
Pasa un año más que dolerse y satisfacerse.
Llegan despedidas y bienvenidas. Todas juntas. A la vez.
Interfieren en mi piel y me hacen rasguños hasta que consiguen incrustarse en capas a las que ya no llegan mis uñas que intentan con desesperación su ausencia.
Quedan ahí y forman su vida, han encontrado un hogar.
Y yo, yo he sobrevivido a lo que antes me mataba, de nuevo.
Por la ventana, sí es que está abierta, entra un algo que no es sólo aire.
Por la ventana, si está cerrada, verás que hay aire más allá del límite que establece el cristal.
Creo de veras que no estaba preparada para lo que se me avecinaba.
Necesario es tomarse tiempo para uno, descansar la mente de otra manera a como se tiene habituada. Suele ayudar esto de cambiar de técnicas.
Dicen que somos unos inconformistas, que en otras épocas esto no pasaba. Claro, antes había tan poco que con nada se veía a la gente con una sonrisa en la boca que duraba más de lo que ahora podemos ver en cualquiera.
Debe de haber sido gloria caída del cielo vivir por aquellos años. Pero sucede que ahora soy yo la que a veces me pongo a observar a los niños más pequeños que yo y me respondo ante las diferencias. Que no han de ser peores ni mejores, pero las cosas cambian y la educación y la forma de comportarse lo harán también a la par.
Madre, qué hago yo debatiendo sobre las diferencias existentes entre niños que se llevan conmigo 4 años...
Pasa un año más que dolerse y satisfacerse.
Llegan despedidas y bienvenidas. Todas juntas. A la vez.
Interfieren en mi piel y me hacen rasguños hasta que consiguen incrustarse en capas a las que ya no llegan mis uñas que intentan con desesperación su ausencia.
Quedan ahí y forman su vida, han encontrado un hogar.
Y yo, yo he sobrevivido a lo que antes me mataba, de nuevo.
Por la ventana, sí es que está abierta, entra un algo que no es sólo aire.
Por la ventana, si está cerrada, verás que hay aire más allá del límite que establece el cristal.
