He decidido que voy a pasar mi vida sola. Me refiero a no compartir hogar con nadie, no quiero perderme totalmente del ámbito de los amigos, la familia y tal, pero sí que quiero hacer mi vida a mi manera. Indirectamente, si vivimos con alguien, tenemos que darle explicaciones de por qué sí o por qué no y la convivencia no está hecha para mí. Soy de la personas que les gusta pasar ratos con la gente, muchos y de una duración larga pero de modo intermitente. Por esto quizás me encierro en mi cuarto, no porque tenga que estudiar porque al fin y al cabo es lo que menos hago, es solo que si salgo fuera tengo que verme obligada a relacionarme con otras personas y si me relaciono con otras personas me suelen molestar muchas cosas. El caso no es que me moleste, la razón para no salir de esta cueva que me he construido es la manera en la que reacciono cuando me molesta algo. Salto a la defensiva, sobre todo cuando hay confianza, por ejemplo con mi madre, y no digo que no lleve razón, pero si que no es la mejor manera.
Siempre he estado sola en cierto modo y cuando empecé a tener problemas no se me ocurrió que podía pedir ayuda (no he estado en el proyecto hombre ni nada por el estilo). A medida que creces los problemas se complican más y más y yo he seguido siempre igual. No he estado sola porque no había nadie a mi alrededor, sino porque he querido. Nunca quise que me escucharan y cuando empecé a escribir en el blog tampoco pedía que lo hicieran; tampoco lo hago ahora. Escribo aquí como si escribiera en un diario o en cualquier sitio. Lo que me hace expresarme aquí es que hay gente que por mí o por lo que escribo o no sé por qué razón, lo lee y en cierta forma ver que alguien te sigue es gratificante, aunque ya he dicho que no quiero que me escuchen, sentirte acompañada por otros de manera voluntaria es mucho mejor que escribir en un lugar donde solo lo leas tú. Es contradictorio ahora que me doy cuenta y no sé si expreso bien lo que quiero decir.
Le tengo fobia al ser humano y a sus actos, me tengo fobia a mí. Hago daño y lo que me hace pensar es que en muchos casos no me molesta hacerlo, al revés, parece que he actuado bien. Sobre todo cuando pienso que esa persona lo merece. Me odio porque sé lo que quiero y sé el camino, pero me entretengo en el paisaje de alrededor cuando no hay tiempo para nada más que no sea correr hacia tu meta. Cada día me planteo seguir ese camino en línea recta, cruzando lo que se me oponga pero llega el momento de echar a andar y no tengo capacidad o voluntad para cumplir mi palabra. Si no sé cumplir mi palabra, si no cumplo lo que me prometo, si no lucho ni siquiera por mí, ¿cómo voy a ser capaz de hacerlo por otras personas?
No existe una verdad, sino una realidad, que para nuestra desgracia es casi imposible de asimilar. Quién dijo que el ser humano puede alcanzar la felicidad debía estar drogado porque no encuentro excusa para lanzar a los cuatro vientos semejante barbaridad. Durante toda la vida se nos educa, casi obligatoriamente, a buscar la felicidad por encima de todo, hasta que nos quedemos sin fuerzas. Es una pena que vivamos esclavizados a luchar por imposibles. Y ahí vamos todos, luchando por encontrar la felicidad, hasta que nos peguemos tantas veces con ese muro como para entender que algo falla, no sabemos qué, pero hay una incongruencia en nuestras vidas que es la principal por la que no marcha bien.
¿Qué se hace ahora? Nada, como siempre, no hacemos nada, no sabemos hacer nada, no estamos preparados, no nos han educado para reaccionar, a actuar sí pero solo en los casos buenos, en los que se esperan. En cuanto nos llega algo por encima de nosotros nos quedamos pasmados mirando como nos destruyen, te duele y lo sabes, aunque sigues sin hacer nada. Días y días mirando al frente. Después de todo, a veces es necesario eso, pasarte un espacio de tiempo vegetal, sin pensar siquiera, no es necesario.
¿Y ahora qué? Ahora caes en picado, en espiral, dando vueltas mortales durante un tiempo indefinido, que suele ser largo hasta pegarnos el ostión del siglo que o nos espabila o nos mata.
Yo quiero creer que aún no he empezado a caer, porque si es así no solo no sé que pasará, sino que mis expectativas cambiarían, para mal claro.
No llevo una buena racha, pero no hago nada para evitarlo, porque no sé si quiero o si en realidad la vida es un mal momento en sí.
Vivo a diario porque quiero, no hay nada ni nadie que me obligue a permanecer, pero hasta que decides si quieres vivir o no, te pasas un buen periodo de tiempo conviviendo contigo mismo, y quieras que no, te coges cariño. Yo me tengo cariño y quiero darle a esta mente enferma y a veces racional lo que desea, cuesta y lo sé, pero ahí está la base de todo.